¿Es el Emprendedor “un nuevo héroe que solo sabe gestionar su pobreza”? - Movlim

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¿Es el Emprendedor “un nuevo héroe que solo sabe gestionar su pobreza”?

El Emprendedor, juntamente con el hombre entusiasta, el dinámico, el flexible, es el “nuevo héroe” que “el capitalismo ha reinventado”.

Al menos eso se afirma en un artículo que circula por allí, un escrito que despierta curiosidad a pesar de constituir un despropósito conceptual típico del “pensamiento progresista” que siempre es mediocre para explicar la dinámica de los eventos sociales y económicos.

Dicho artículo se vende bien desde su título: “¿Te has convertido en una Start-Up de tus emociones?” y vale el esfuerzo de ser leído, aunque no por los motivos que su autora deseara, más bien para validar el sustento ideológico y moral que todo Emprendedor o individuo propositivo tiene para interpretar su función en esta vida.

El contenido del escrito no se ajusta, en lo más mínimo, al carácter del Emprendedor y los  hombres que se fundamentan en entusiasmo, dinamismo y flexibilidad para explicar el sentido de sus actos en este mundo. Nada tienen que ver con él las personas que se consideran dueñas de su destino y no transitan los caminos de la masa, del rebaño, del individuo mimetizado en el anonimato colectivo.

El citado escrito devela sus intenciones desde las primeras líneas, dice: “los mensajes de sonríe, sé feliz, lánzate a la aventura, explota tu creatividad, apasiónate, tienen un significado distinto al que enmascaran, porque en realidad vienen a decir: Auto-explótate”.

Y continúa: “Conceptos como la gestión de las emociones o la inversión en uno mismo, por ejemplo, convierten a las personas en una suerte de start-ups de sus propios sentimientos. Los límites entre la vida laboral y personal son así cada vez más difusos y surgen nuevos conceptos como las “trabacaciones”. Que el lenguaje de la empresa se haya trasladado a la vida personal no es casual…”.

El texto amplía su introducción explicando que el afán de conseguir ésa “auto-explotación” del hombre aprovechando sus emociones, le corresponde (cuando no), al Capitalismo, el mismo que encuentra así una forma de “aglutinar aquellos medios que tenían la posibilidad de rebelarse” (contra el “sistema”, seguramente).

¿Por qué el Capitalismo propugna esta explotación de las emociones?, según el artículo porque ha llegado a la conclusión que “la infelicidad sale, literalmente, cara”.

¿Qué tal?

De acuerdo a estos argumentos, el Sistema seduce a las personas haciéndoles creer que “la sonrisa, la felicidad, la pasión, la creatividad, el emprendimiento personal” tienen un sentido y propósito mayor. De esta forma el Capitalismo consigue que el concepto de felicidad sea “sostenible”.

Como apoyo de lo anterior el documento menciona conclusiones de la ensayista española Remedios Zafra, entre ellos el hecho que el Capitalismo ha ido adoptando “un mensaje suave, agradable y emocional que ha derivado en la precariedad laboral en trabajos creativos y en la auto-explotación”.

En el artículo se aprecia solo la punta del iceberg de la forma de pensar y entender las cosas que tienen estas personas. Pero es suficiente la muestra para tener idea del volumen.

Porque no es necesario mucho más para que todo aquel que no se considere un completo ingenuo se dé cuenta de lo ridículo de las afirmaciones.

Por una parte resulta muy difícil entender y aceptar que alguien que sonría, sea feliz, tenga y explote una pasión, creatividad o capacidad de construir algo, sea funcional a un objetivo de “auto-explotación” o esté “sedado” para no provocar una “rebelión” contra el sistema.

¡Es absurdo!

Por otro lado, aceptar el hecho que detrás de estos encomios hay la intención de que la gente “gestione contenta su pobreza”, excede la capacidad de comprensión de las mentes sanas que no estén atrapadas en laberintos conspirativos.

Seguramente no existe ningún Emprendedor que se considere “auto-explotado”, u hombre que encare la búsqueda de la felicidad pensando que organiza una “start-up de sus emociones”.

Conceptualmente es insostenible el criterio de la “auto-explotación”. No es solo ridículo, es tremendamente absurdo.

La explotación, en el sentido que acá tiene, solo puede ser producto de factores exógenos sobre los que no existe control directo o efectivo.  En tanto cada persona tiene el Poder de suspender cualquier acto propio que le genere insatisfacción, nunca se considerará  “explotado”, y tampoco sentirá contrariedad o disgusto.

Quien decide hacer una carrera de Maratón y se sacrifica para el efecto, ¿puede considerarse “auto-explotado”? Quien desea cumplir el sueño de tener un puesto de venta de helados en la esquina de su casa ¿es alguien que “encontró lo que ama para dejar que lo mate”? (la frase, según el artículo corresponde a un poema de Charles Bukowski, que por cierto debió establecerla en otro contexto).

Bajo la lógica temeraria y arcaica de este “pensamiento progresista”, ¿corresponde entonces que la sociedad se prive del hombre Emprendedor para evitarle el sufrimiento de la “auto-explotación”?,  ¿le conviene abstenerse de contar con hombres que sonrían, busquen la felicidad, aprovechen su dinamismo y flexibilidad?

¿Tendrán los defensores de estas premisas la capacidad de visualizar cómo sería este mundo si no existiera el hombre Emprendedor?

¿Serán capaces de aceptar que el Emprendedor se encuentra detrás de todo beneficio que goza la sociedad contemporánea?

¿Podrán reconocer que el progreso nunca es producto de la mentalidad de las masas o el pensar y sentir de los “rebaños”?

¿Puede acaso la “colectividad” conseguir que cada hombre se acerque a la Mejor Versión de Sí Mismo? ¿Lo puede hacer a partir de consignas simplistas que enaltecen el bien común y el beneficio impersonal?

Porque para alcanzar la Mejor Versión de Sí Mismo todo hombre debe colocarse al límite de sus capacidades y potencial, debe dar ése “salto al vacío” que representa la transición del estado de seguridad que privilegia la masa e iniciar un romance con el riesgo y el fracaso.

Y al hacerlo posiblemente se “auto-explote” (si cabe el uso del término), pero lo hará con el mayor gusto, y encontrará en la experiencia algo que nadie más podrá darle.

El Emprendedor, el “hombre entusiasta y dinámico”, ¿es el nuevo héroe al que solo le cabe gestionar su pobreza?

Difícil responder esto. Y lo es porque constituye una afirmación que en sí misma refleja el verdadero sentido de la pobreza.

Quienes intentan tejer una respuesta intelectual a las emociones colectivas (el caso preciso de los “pensadores progresistas”), terminan haciendo únicamente apología de la pobreza conocida. Pocas veces plantean soluciones efectivas, por lo menos alguna que no involucre a “pobres ayudando a pobres para salir de la pobreza”.

Esta gente nunca orienta su enfoque a la Riqueza, no conciben la posibilidad de un mundo habitado por gente rica que de hecho trascienda el estado de pobreza.

Para ellos el “hombre rico” es siempre anatema, producto deformado de los instintos primitivos. No aspiran a construir una sociedad de hombres ricos, se sienten conformes visualizando un mundo de “pobres en igualdad de condiciones”: sin diferencias, sin “explotados ni explotadores”.

En ésa lógica el Emprendedor es obviamente un “pobre despistado”, un ingenuo que se “auto-explota” para gestionar su pobreza y ejemplificar los oscuros objetivos del Capitalismo “post moderno”.

Pero la Realidad que alcanza a todos los sentidos y responde con benevolencia a las mentes despejadas (porque ni siquiera es necesario ser muy acucioso), es distinta, y grita a cada momento que el Emprendedor es quién se encuentra detrás de todo esfuerzo por crear Riqueza, por mejorar el mundo.

El bombillo eléctrico, que por igual alumbra a los intelectuales trasnochados en trincheras progresistas y a quienes ACTÚAN cada día para transformar su realidad, es testigo de ello.

Porque detrás de cada hecho que sostiene la calidad de vida en este mundo se encuentra un Emprendedor, un “auto-explotado”.

El Emprendedor es en realidad un hombre que gestiona su riqueza, ésa con la que todos llegan “desde fábrica”, pero que la mayoría no explota por pereza, por comodidad, y en otros casos por invertir el tiempo en la emisión de juicios vanos y en exteriorizar frustraciones que bien definen a los mediocres.

Dos cosas para terminar, porque efectivamente sobran ganas para seguir haciendo catarsis con los argumentos del artículo mencionado, pero se atenta contra la extensión racional de estas líneas:

1.- Efectivamente pocas personas conocen mejor la FRUSTRACIÓN que el Emprendedor y los entusiastas que sonríen, buscan la felicidad, se lanzan a la aventura, se apasionan y explotan su creatividad.

Pero la frustración no es verdugo para estos hombres, ni los alienta a recomendar la “tranquilidad o seguridad” de las cuevas, estos seres toman la Frustración como sana consejera para optimizar medios, métodos y formas, la asumen como compañera de viaje, un tributo al deseo y las visiones, una ofrenda que premia acciones y sueños, el resultado coherente con la sana ambición y la solidaridad con el esfuerzo.

La Frustración es el costo que las almas diferentes pagan gustosas para transitar los valles y hacer pascana en las cumbres elevadas.

2.- Nunca tan vigente como ahora ésa preclara afirmación de Theodore Roosevelt (a quienes no pocos, y por fortuna, etiquetarán como un exponente destacado del capitalismo):

“No es el crítico quien cuenta; ni aquellos que señalan cómo el hombre fuerte se tambalea, o en qué ocasiones el autor de los hechos podría haberlo hecho mejor. El reconocimiento pertenece realmente al hombre que está en la arena, con el rostro desfigurado por el polvo, sudor y sangre; al que se esfuerza valientemente, yerra y da un traspié tras otro pues no hay esfuerzo sin error o fallo; a aquel que realmente se empeña en lograr su cometido; quien conoce grandes entusiasmos, grandes devociones; quien se consagra a una causa digna; quien en el mejor de los casos encuentra al final el triunfo inherente al logro grandioso; y que en el peor de los casos, si fracasa, al menos caerá con la frente bien en alto, de manera que su lugar jamás estará entre aquellas almas frías y tímidas que no conocen ni la victoria ni el fracaso.”

Fuente: Emprendices

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